
Después de haber deambulado por el Gran Bazar y haber disfrutado del encanto de Estambul, volvimos al hotel. Una vez allí nos vestimos y engalanamos para pasar de nuestro barrio Sultanahmet al centro de esta bella ciudad, llamado,Taksim. Serían las 9 y media de la noche cuando nos dispusimos a comprar las monedas para cojer el tranvia, los yetones. Su adquisición fue toda una odisea. Cuando ya disponiamos de los susodichos, aguardamos el tranvia hasta que se presentó en su pequeña y caracteristica estación. Una vez apropiados nuestros respectivos asientos en aquel tren, mis ojos se clavaron en un muchacho, cuya mirada ya me correspondia. En poco tiempo, el tren, personalmente, adquirió una atmósfera de complicidad y picardia entre el y yo. Apenas recuerdo su rostro, pero si aquel sentimiento que sembró en mi.
Y el tranvia nos llevó a Kabataş, donde cojimos el funicular que nos transportó a la plaza Taksim. En ella se respiraba confianza entre la muchedumbre, aires de fiesta, aroma de luces y color. Poco a poco fuimos avanzando por la zona, toda ella llena de gente, y lo mas agradable, de todos los rincones de oriente y occidente.
ESTAMBUL.
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