martes, 26 de abril de 2011

Volteé la cabeza ligeramente, me vino un olor, y de pronto, me trasladé. Estaba en aquella terraza sencilla pero exótica, a lo lejos, el faro, yendo y viniendo acompañado de las dulces luces de la noche, aislado por el agua. Alzando la mirada, a unas calles, la mezquita azul, emanando belleza.
La cansina voz de ese hombre que nos acompañaba en la cena cesó y seguidamente, comenzó la canción. Era una melodia dulce, pero a la vez, con carácter. Concebia una atmósfera, de la que tarde o temprano, iba a sentir nostalgia. Era otro sentimiento, que quise custodiar para que no se evaporara.
A día de hoy, añoro esos aromas, ese fondo bañado de belleza.
Aquellas miradas que te rociaban de energia y amor.

Istanbul.

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